El facebrown de: Osmar Miguelucci
Fecha de nacimiento: 15/11/41, Mar del Plata (BA)
Período: 1971 (19 partidos).
Hubo tantos arqueros que pasaron por Almirante… De los buenos, de los malos, de los que generan aplausos, de los que generan inseguridad… Y después están los arqueros como Osmar Miguelucci, a quien habría que encuadrarlo en otro subgrupo. Tal vez, en el de los porteros que llegaron al club portando una carrera de prestigio pero que en Brown pasaron casi inadvertidos. Ahí encajaría perfecto nuestro entrevistado de turno.
A los 67 años, Osmar nos recibe en la inmobiliaria de José Luis Ferrín, en el centro de San Justo, lugar donde trabaja desde hace tres décadas. Podemos decir que la oficina en la cual nos invita a sentarnos pasó a ser su área chica después del fútbol. Conoce el paño como pocos. No le preguntamos si es más fácil descolgar un centro o tasar una propiedad, pero si a la soltura con la que se desempeña en la actualidad la fundimos con las buenas críticas de las crónicas amarillentas de los suplementos deportivos, la respuesta es previsible. La capacidad de adaptación siempre fue su gran virtud.
De un porte imponente y señorial, Osmar cuenta que “trabajo con un gran tipo como José Luis Ferrín y con él me dediqué a este rubro. Es una persona muy creíble y es bueno estar rodeado de gente en la que uno pueda creer.
¿Cuál fue su mejor partido?
Mi debut, contra San Lorenzo. Fue un amistoso en la cancha de Almirante por el pase de Luis Kadijevic, que había ido para allá. Ese día se inauguró la cancha de Isidro Casanova. Saqué todas las pelotas… Unos meses después, el Negro Tello me cargaba y me decía “Che ¿y tu hermano? El que atajó esa vez contra San Lorenzo…”. Me acuerdo que para ellos jugaban Pedro González, Telch, Fischer y todos los titulares.
¿Y el peor?
He tenido altibajos, como todos. Pero no recuerdo un partido en particular.
Realizó una trayectoria extensa. ¿En qué momento de su carrera llegó a Brown?
Es cierto. Ya no tenía ganas de viajar tanto y quería estar cerca de mi familia. Me vino a buscar Roberto Crovara. Aparte era el club del pueblo y yo quería jugar acá. En ese momento estaban de arqueros (Juan) Oleynicki y (Emilio) Fideo Giménez.
Cuando se habla de trayectoria extensa, hay que decir, sin repetir, sin soplar y obviando a Brown, los siguientes equipos: San Lorenzo de Mar del Plata, Argentinos Juniors, Cerro de Montevideo, Colón de Santa Fe, Junior de Colombia, Deportes Concepción de Chile, Bucaramanga de Colombia, Quilmes, Platense, Cipolletti de Río Negro, Deportivo Morón, Liga de Salto y Sport Boys de Perú.
Se lo consideraba un especialista en los penales…
Sí… Creo que es mucho factor suerte pero también hay algo de intuición. Yo era de practicar bastante después de las prácticas. Me tocó sobresalir en el famoso partido de Platense contra Lanús, cuando atajé cuatro penales en la definición y nos salvamos del descenso y ellos se fueron a la B. Fue una noche inolvidable. A veces escucho los cassettes que me regalaron Bullrich y García Blanco.
Dicho sea de paso, en ese partido que recuerda Miguelucci nació la fama de Platense, esa que hablaba del “Fantasma del Descenso”, por las reiteradas veces que el Calamar le hizo pito catalán al descenso de categoría.
En Brown también atajó tres penales de un saque…
Claro, contra Temperley en cancha de ellos. Teodoro Nitti decía que me adelantaba, pero yo me lanzaba hacia adelante, no daba los pasos al frente. Así atajé los tres y por eso me expulsó. Después me reemplazó el Negro Tello y también lo atajó.
¿Qué le dejó tanto traqueteo en el fútbol?
Creo que la carrera deportiva me dejó muchas enseñanzas para el trato con la gente. Tuve la suerte de hacer lo que me gustaba y me dejó una mediana posición económica, porque el fútbol de antes no era lo que es ahora. Además, viajar mucho y constituir una linda familia con “Coca”, mi señora. Tengo dos hijos: Flavio, que tiene una inmobiliaria en San Justo y Leandro, que es peluquero.
¿Qué experiencia lo marcó en su paso por el extranjero?
Me quedó grabado a fuego lo de los terremotos. En Perú viví en Lima, en el barrio de Miraflores, y ahí me agarraron unos terremotos impresionantes. Me acuerdo que estaba con mi señora y con Flavio. El presidente del Sport Boys se reía. Yo le había dicho que había estado en Chile y había padecido algunos movimientos pero esos en Lima habían sido terribles.
¿Y ahora, hace mucho que no va al club?
Sí, bastante. Igual veo que el club avanza. Lo conozco a Juan Echeverría y sé que es un gran directivo, que vive para el club. Igual que Mario Durán. A Brown le falta ese golpe de suerte y salir campeón. Es un equipo grande y siempre ha tenido una gran convocatoria. Creo que si asciende, llevaría más gente a la cancha que Nueva Chicago.
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